EGILEA: UXUE
Había una vez un rey que tenía una hija. Un día el rey dijo que se casaría con su hija aquella persona que averiguar de qué estaban hechos los guantes de su hija.
Un muchacho del pueblo quería casarse con la hija del rey y les dijo a sus vecinos que iba a ir a probar suerte. Sus vecinos se reían de él. De camino a palacio se encontró con un señor que estaba sujetando una enorme piedra y le dijo:
- ¿Qué haces aquí?
- Estoy sujetando esta roca porque, si la suelto, se caerán todas las casas.
- ¿Y cuanto te pagan por esto?
- 3 Euros.
- Pues, si te vienes conmigo, te doy 10.
- Pues vale.
Siguieron su camino los dos juntos y un poco más adelante se encontraron a otro señor que estaba con la oreja pegada en el suelo y le preguntaron:
- ¿Qué haces aquí, buen hombre?
- Estoy oyendo misa en Roma.
- ¿Y cuánto se pagan por esto?
- 4 Euros.
- Pues, si te vienes conmigo, te doy 10.
- Pues vale.
Y siguieron su camino. Un poco más tarde se encontraron a otro señor que estaba agachado y le preguntaron:
- ¿Qué haces aquí?
- Estoy tirando pedos.
- ¿Y cuánto te pagan por esto?
- 1 Euro.
- Pues, si te vienes conmigo, te doy 10.
- Pues vale.
Y se fueron todos juntos.
Cuando ya iban llegando a palacio, el que estaba oyendo misa en Roma oyó de decir al rey a su hija: "Que tontos son todos, nunca averiguan de qué son tus guantes."
Entonces, el que estaba oyendo misa en Roma y lo oía todo, se lo contó al muchacho.
Al día siguiente el muchacho fue a palacio y empezó a decir:
Serán de serpiente, de perro, de liebre …- pero el rey se reía y decía que no. Hasta que al final dijo:
- ¿No serán de piojo?
La sorpresa fue enorme. El rey le dijo que se tenía que casarse con su hija. Pero la princesa no quería porque el muchacho era un poco feo. Entonces el Rey le dijo al muchacho que pidiera lo que quisiera, que se lo daría.
El muchacho dijo que quería todo el dinero con el que pudiera uno de sus hombres.
Llenaron un saco enorme con un montón de dinero pero todavía el hombre podía con más. El rey le dijo que ya no tenía más, entonces el muchacho le dijo que se conformaban con aquello.
El Rey no se quedó conforme y mando a sus soldados tras ellos. Entonces el que tiraba pedos, se agachó y… empezaron a rodar muchísimas piedras hasta que aplastaron a todos los soldados. Ellos se marcharon con el dinero y lo repartieron como buenos amigos.
Fueron felices, comieron perdices y a nosotros nos dieron con los pedos en las narices.
2007-04-15
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