Egilea: Irene
Hace unos 400.000 años vivía, donde hoy se encuentran los yacimientos de Atapuerca (Burgos), una tribu de Homo Heidelbergensis. Su campamento estaba sobre el yacimiento que actualmente se conoce como Gran Dolina. Se alimentaban de animales que cazaban, disponían de herramientas elaboradas con sílex…
Además todos eran muy felices… bueno, todos excepto un joven cazador llamado Idelgen. Era en verdad muy valiente, pero, el resto de sus compañeros no lo reconocía. Premiaban a otros como al hijo del jefe, que era un vago, cuando él ponía en peligro su vida para dar de comer a la tribu. Un día, mientras preparaba las lanzas para salir a cazar, pensaba:” Me gustaría que mi tribu tuviera en cuenta mis opiniones y mis hazañas, no las cuatro tonterías que hace el hijo del jefe” .Y aunque él no lo supiera, su deseo se convertiría en realidad, aunque de otra manera.
Pasaron los años y un día el hijo del jefe le propinó tal guantazo a Idelgen que le rompió parte de la mandíbula superior. La herida se le infectó y, cuando le pasó a la sangre, nuestro pobre amigo murió. En su tribu arrojaban a los difuntos al conocidísimo yacimiento llamado Sima de los Huesos y lo mismo hicieron con él.
Con el paso de los meses el cadáver fue descomponiéndose hasta que sólo quedaron los huesos. 400.000 años más tarde unos paleontólogos que trabajaban en los yacimientos de Atapuerca encontraron el cráneo de Idelgen en la Sima de los Huesos. A los expertos les extrañó su tan buena conservación y le bautizaron con el nombre de Cráneo 5. Aunque, reconozco que me gustó más el nombre que le pusieron en honor a Miguel Indurain en su 2º Tour, pues lo encontraron el mismo día de su victoria. ¿Qué cual era el nombre que le pusieron? Como era… ¡así era Miguelón!
Además todos eran muy felices… bueno, todos excepto un joven cazador llamado Idelgen. Era en verdad muy valiente, pero, el resto de sus compañeros no lo reconocía. Premiaban a otros como al hijo del jefe, que era un vago, cuando él ponía en peligro su vida para dar de comer a la tribu. Un día, mientras preparaba las lanzas para salir a cazar, pensaba:” Me gustaría que mi tribu tuviera en cuenta mis opiniones y mis hazañas, no las cuatro tonterías que hace el hijo del jefe” .Y aunque él no lo supiera, su deseo se convertiría en realidad, aunque de otra manera.
Pasaron los años y un día el hijo del jefe le propinó tal guantazo a Idelgen que le rompió parte de la mandíbula superior. La herida se le infectó y, cuando le pasó a la sangre, nuestro pobre amigo murió. En su tribu arrojaban a los difuntos al conocidísimo yacimiento llamado Sima de los Huesos y lo mismo hicieron con él.
Con el paso de los meses el cadáver fue descomponiéndose hasta que sólo quedaron los huesos. 400.000 años más tarde unos paleontólogos que trabajaban en los yacimientos de Atapuerca encontraron el cráneo de Idelgen en la Sima de los Huesos. A los expertos les extrañó su tan buena conservación y le bautizaron con el nombre de Cráneo 5. Aunque, reconozco que me gustó más el nombre que le pusieron en honor a Miguel Indurain en su 2º Tour, pues lo encontraron el mismo día de su victoria. ¿Qué cual era el nombre que le pusieron? Como era… ¡así era Miguelón!
Y como os dije al principio, nuestro amigo Indelgen pasó de ser un vulgar cazador a un famoso “historiador” porque, para mí, en su cráneo está escrita parte de nuestra historia.
