2007-10-23

De vulgar cazador a famoso "historiador"

Egilea: Irene

Hace unos 400.000 años vivía, donde hoy se encuentran los yacimientos de Atapuerca (Burgos), una tribu de Homo Heidelbergensis. Su campamento estaba sobre el yacimiento que actualmente se conoce como Gran Dolina. Se alimentaban de animales que cazaban, disponían de herramientas elaboradas con sílex…
Además todos eran muy felices… bueno, todos excepto un joven cazador llamado Idelgen. Era en verdad muy valiente, pero, el resto de sus compañeros no lo reconocía. Premiaban a otros como al hijo del jefe, que era un vago, cuando él ponía en peligro su vida para dar de comer a la tribu. Un día, mientras preparaba las lanzas para salir a cazar, pensaba:” Me gustaría que mi tribu tuviera en cuenta mis opiniones y mis hazañas, no las cuatro tonterías que hace el hijo del jefe” .Y aunque él no lo supiera, su deseo se convertiría en realidad, aunque de otra manera.
Pasaron los años y un día el hijo del jefe le propinó tal guantazo a Idelgen que le rompió parte de la mandíbula superior. La herida se le infectó y, cuando le pasó a la sangre, nuestro pobre amigo murió. En su tribu arrojaban a los difuntos al conocidísimo yacimiento llamado Sima de los Huesos y lo mismo hicieron con él.
Con el paso de los meses el cadáver fue descomponiéndose hasta que sólo quedaron los huesos. 400.000 años más tarde unos paleontólogos que trabajaban en los yacimientos de Atapuerca encontraron el cráneo de Idelgen en la Sima de los Huesos. A los expertos les extrañó su tan buena conservación y le bautizaron con el nombre de Cráneo 5. Aunque, reconozco que me gustó más el nombre que le pusieron en honor a Miguel Indurain en su 2º Tour, pues lo encontraron el mismo día de su victoria. ¿Qué cual era el nombre que le pusieron? Como era… ¡así era Miguelón!
Y como os dije al principio, nuestro amigo Indelgen pasó de ser un vulgar cazador a un famoso “historiador” porque, para mí, en su cráneo está escrita parte de nuestra historia.

2007-10-22

La rana que se quedó rana

Egilea: Jon Ander

Hace mucho tiempo, en la antigua Inglaterra, vivía una rana que quería ser un humano.

Una vez pasaron un vagabundo y un rico mercader, y pensó:
“Si fuera un vagabundo, no podría comer ni vestir, pero si fuera un rico mercader, como no sabría como gastar el dinero, estaría aburrido”.
Después, pasaron un chico feo y otro guapo, y pensó:
“Si fuera guapo, todas las chicas estarían detrás de mí, pero en cambio, si fuera feo, nadie querría estar conmigo”.

Y estuvo pensando durante horas y horas y se dijo a sí misma:
“La vida del humano es muy complicada. Mejor, me quedo como estoy”.
Y así lo hizo: se quedó ahí hasta que se hizo viejita.

La hoja caída

Egilea: Maider

Había una vez un árbol, ese árbol tenía muchas hojas. Un día una hoja de las del árbol se cayó. La hoja triste quiso subir al árbol pero, al ser pequeña, no pudo. La hoja seguía en el suelo y todos los que pasaban la pisaban; la pobre estaba llorando porque le hacían daño. El árbol también estaba triste pues era una de sus antiguas hojas y le estaban haciendo daño.
El árbol aquella noche no pudo dormir y estuvo pensando en cómo ayudar a la hoja porque la pobre ya estaba llena de heridas.
Entonces se le ocurrió bajar sus ramas para que la hoja subiera. A la siguiente noche, el árbol bajó sus ramas y la hoja pudo subir y, para no volverse a caer, se agarró fuerte. Pero al poco tiempo empezó un viento muy fuerte y la hoja luchó con todas sus fuerzas para no caerse. Estaba tan agotada que no podía hacer otra cosa que soltarse, volviéndose a caer.
El árbol, desesperado, ya no sabía qué hacer y, para consolarla, le cantó una canción. La voz del árbol era tan susurrante que la hoja empezó a volar y pudo volver a subir al árbol.
Los dos estuvieron unidos y vivieron felices para siempre.