Egilea: Uxue
Érase una vez una bruja llamada: Brupelo. Se llamaba así porque toda la magia que tenía, la tenía en el pelo. Vivía en un pueblo llamado Felicidad. La población de ese pueblo siempre estaba feliz.
Brupelo no tenía padres: siendo pequeña, como era un poco mala, sus padres la abandonaron en un bosque y la recogió un campesino de este pueblo llamado Felicidad. Todo el mundo era feliz aquí, pero a causa del mal genio de Brupelo la gente estaba enfadada constantemente. Brupelo en realidad no era mala, lo que pasaba es que estaba enfadada con ella misma porque sus padres la habían abandonado.
Tenía 10 años y ella no sabía que era bruja; sólo sabía que, cuando pensaba algo, se cumplía. Por ejemplo: si alguien le decía algo que no le gustaba, ella pensaba: “Ojalá se rompa un brazo”. Y, de repente, esa persona se caía y se rompía el brazo.
Los habitantes del pueblo ya estaban un poco hartos de sus brujerías. Por lo tanto, un día que estaba dormida, para que no les pudiera echar ninguna maldición, unas personas del pueblo le cortaron su pelo morado.
A la mañana siguiente, cuando Brupelo se despertó, se miró al espejo y... ¡qué horror!, le habían cortado su lindo pelo. Entonces, empezó a echar juramentos y maldiciones a todo el mundo. Pero, ¿qué ocurrió? Exactamente… nada. No ocurrió nada. A nadie le pasó nada ya que todo su poder se había desvanecido en cuanto le cortaron el pelo. ¡Qué horror! Ahora no podría vengarse de nadie. Entonces, poco a poco, se fue convirtiendo en una niña un poquito más buena y más amable con sus vecinos. Empezó a tener amigos y a saber convivir con todos en ese pueblo tan bonito y feliz. La gente empezó a quererla y ella se sentía muy feliz.
A medida que iba pasando el tiempo y el pelo le iba creciendo, fue recuperando sus poderes pero, ahora, los utilizaba para ayudar a todos y todo el mundo la quería muchísimo.
2007-01-11
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